La noche era fría y oscura. María corría hacía su casa. Su rostro reflejaba preocupación, angustia... El tren había llegado con retraso y le preocupaba no haber recibido ninguna llamada. Llegó a su casa. Entró... Oscuridad. No había luz. Un golpe en la cara. Otro en la espalda. Un forcejeo. Gracias a la tenue luz de la luna pudo vislumbrar el reflejo de un cuchillo cortando el aire. Intentaba huir. María intentaba esquivar los golpes hasta que... ¡ZAS! Una herida se le abrió en el estómago. Se desmayo. Oscuridad. Frío.
Entonces... despertó.
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